Aldea Mundial
Pascual Falces de Binefar
Querido Efraín:
Nuestro Señor Jesucristo, la Palabra de Dios, comenzó por atraer hacia Dios a los siervos, y luego liberó a los que se le habían sometido, como él mismo dijo a sus discípulos: “Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su Señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer”. Pues la amistad de Dios otorga la inmortalidad a quienes la aceptan.
Al principio, y no porque necesitase del hombre, Dios modeló a Adán, precisamente para tener en quien depositar sus bienes. Pues no sólo antes de Adán, sino antes también de cualquier creación, la Palabra daba gloria ya a su Padre, permaneciendo junto a él, y, a su vez, era glorificado por el Padre, como él mismo dijo: “Padre, glorifícame cerca de ti, con la gloria que yo tenía cerca de ti, antes que el mundo existiese”.
No mandó que lo siguiésemos porque necesitara de nuestro servicio, sino para salvarnos a nosotros. Porque seguir al Salvador equivale a participar de la salvación, y seguir a la luz es lo mismo que quedar iluminado.
Quienes se hallan en la luz no son los que iluminan a la luz, sino ésta la que los ilumina a ellos; por su parte, no dan nada a la luz, mientras que, en cambio, reciben su beneficio, pues se ven iluminados por ella.
Así sucede con el servir a Dios, que a Dios no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos; él, en cambio, otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen, con lo que beneficia a los que lo sirven por el hecho de servirlo: pues Dios es rico, perfecto y sin indigencia alguna.
Por eso requiere de los hombres que lo sirvan, para beneficiar a los que perseveran en su servicio, ya que Dios es bueno y misericordioso. Pues en la misma medida en que Dios no carece de nada, el hombre se halla indigente de todo, y, en especial, de la unión con Dios.
En esto consiste precisamente la gloria del hombre, en perseverar y permanecer en el servicio de Dios. Y por esta razón decía el Señor a sus discípulos: “No sois vosotros los que me habéis buscado, soy yo quien os he elegido”, dando a entender que no lo glorificaban, al seguirlo, sino que, por seguir al Hijo de Dios, era éste quien los glorificaba a ellos. Y por esto también dijo: “Éste es mi deseo: que éstos estén donde yo estoy y contemplen mi gloria”.
Os envío los mejores deseos, y con la esperanza de que sigáis bien, recibir un cariñoso saludo, CTA
Quien a Dios sirve ,no le da nada, ya que Dios no tiene necesidad de los servicios humanos; él, en cambio, otorga la vida, la incorrupción y la gloria eterna a los que lo siguen.
La amistad de Dios otorga la inmortalidad
domingo 20 de febrero de 2011